Cursillos de Cristiandad Orihuela-Alicante

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Testimonios

  • Hace unos años me brindaron la oportunidad de conocer a Jesús a través de un Cursillo y lo primero que dije fue que me lo tenía que pensar, pero a los dos días dije que SI al Cursillo. Fuí con miedo, para que me voy a engañar, era algo nuevo, algo que no sabría como llamarlo. Pero al entrar por la puerta del centro espiritual de Diego Hernández de Elche, noté una paz inmensa, y eso que hacía tiempo que estaba en la Iglesia. La acogida fue buenísima, diferentes culturas con un mismo sentir: conocer mejor a Cristo a traves de un Cursillo. En los tres días, cambió mi forma de ver las cosas y de entender el camino que tenía para mi JESUCRISTO. Después de casi 11 años, cada día me siento más orgulloso de pertenecer a la gran familia de Cursillos.

    DE COLORES

    TESTIMONIO CURSILLISTA DE VILLENA
  • Hola a todos: hace tiempo que hice un Cursillo de Cristiandad, un Cursillo de mujeres; fue el 23 de enero de 1994. Éramos 18 nuevas cursillistas para la Diócesis de Orihuela-Alicante.
    Me invitaron a ir a un Cursillo y, en realidad fui sin saber lo que era aquello, ni a lo que iba, pero si se que a través de ese Cursillo para mí significó un antes y un después en mi vida. He podido comprobar y puedo decir que cuando Jesús entra en nuestra vida todo cambia, porque cuando uno, de verdad, se deja moldear por Él, todo en su interior va cambiando.
    Hoy se que fue Él quien me llamó a través de las personas que me invitaron. Él me llamó y yo sin apenas darme cuenta, sin saberlo, le abrí mi corazón “y me calé hasta los huesos”. Fueron tres días intensos, descubriendo a ese Padre amoroso al que apenas conocía; (aprovecho desde aquí para darle las gracias a mi madre – que estará en el cielo – porque quizás sin saberlo muy bien y aunque fuese por costumbre, o sin ser muy consciente de ello, nunca dejó de llevarme a Misa y cosas de la Iglesia. Yo como niña, no me enteraba de mucho, pero creo que con eso mi corazón se iba preparando para su cultivo, por eso pienso
    que es importante que los padres inculquen a sus hijos esas “costumbres”).Porque el Señor no da puntada sin hilo.Lo único que se es que en esos días del Cursillo volví a retomar esa alegría, no sabía de dónde me venía en esos momentos, solo sabía que la había sentido pocas veces en mi vida y que algo nuevo estaba pasando en mí. Descubrí que era algo que no podía dejar pasar. Fue difícil, sí, sentía que aquello era como un puzzle al que no sabía cómo iba a poder ponerle la primera pieza, pero sí sabía que todo lo que yo sentía tenía que ponerlo en práctica para que otros pudieran sentir y vivir esa alegría y esa paz que yo había experimentado. Pensad que cuando fui al Cursillo apenas sabía leer ni escribir, ni prácticamente hablar; que cuando escuchaba, al poco ni me acordaba de lo que había oído; por eso cuando al día siguiente de la entrada, la dirigente de mi grupo me preguntó: ¿quieres ser la portavoz del grupo? yo solo pensaba en cómo me podía ir a mi casa. Me preguntaba:” ¿qué hago yo aquí?”, ¡esto no es para mí!.
    ¿Por qué cuento esto? para que sepáis que por entonces y por lo que he dicho anteriormente, yo me sentía que era un cacharro inútil, (casi aún lo pienso), pero hoy sé que “Él no escoge a los capacitados, sino que como sabemos, capacita a los que elije”
    Lo primero que entendí fue que nadie puede dar lo que no tiene y conoce. Él me puso todas las herramientas en mis manos – ¡Bien sabía que sola no podía caminar! – por eso me dio una nueva familia, una ¡gran familia!, para poder formarme cada día un poco más: ¡LA FAMILIA DE LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD!
    Con ellos he aprendido a amar, a perdonar, a compartir, a sentir la unidad de la comunidad, que el primero tiene que ser el último, (me han
    transmitido las enseñanzas de Jesús), que hay que derribar muros, quitar piedras del camino y construir puentes para poder ser luz y que mi vida sea coherente con lo que digo y vivo. Pero para eso soy consciente de que cada día, cuando me levanto, me tengo que poner en las manos del Padre con la seguridad y plena
    confianza de que Él camina conmigo, a veces no entiendo lo que quiere y no veo esa luz, pero confío en Él y sé que todo en la vida pasa por algo y cuando no entiendo sus caminos, le pido con más fuerza que me ayude a orar más intensamente. Intento cada día meditar su Palabra y le pido que la haga vida en mí. Cuanto más grande se hace mi oscuridad, más grande es su luz, cuanto más grande es mi dolor, mucho mayor es su Gracia.
    Sé que esta vida es un peregrinar para llegar a la Casa del Padre y que sólo entraremos a ella por su Misericordia.
    “PADRE, ENSÉÑAME A PERDONAR Y A PEDIRTE CADA DÍA POR AQUELLOS QUE NO ME QUIEREN”. Y desde aquí quiero dar gracias al Padre por haberme buscado, por haber salido a mi encuentro para encontrarme con TU HIJO. A veces sufro más, pero también gozo todo más.
    “GRACIAS” por esta nueva familia donde voy creciendo cada día, orando y conociéndote un poco más, porque sólo podré ver tu rostro cuando Tú me llames y sólo por Tu Misericordia.
    DE COLORES
    ¡¡CRISTO VIVE!!

    TESTIMONIO DE ENCARNA
  • Yo hice el cursillo hace poco tiempo, aunque ya me había incorporado en mi parroquia en catequesis porque me invitaron cuando mi hijo la inició para prepararse para recibir la primera comunión. Esa labor me encantó y seguí con reuniones, la escuela de catequistas… Hasta que llegó mi momento de hacer el cursillo. Estaba pasando una etapa intensa en mi vida: la atención a mis padres, mis hijos adolescentes, mi matrimonio en crisis y yo un poco delicada de salud. ¡Con el cursillo se renovó todo! He salvado mi matrimonio, me he dado entera al Señor y las dificultades a pesar de tenerlas, con Él todo lo puedo. Ahora he tenido una experiencia difícil; mis padres han muerto los dos en 20 días y estoy feliz porque se que están con el Señor. Animo mucho a todo el mundo a hacer el cursillo. Yo soy muy feliz gracias a la reunión, ultreya y la intendencia que hacemos en Elche con el rezo del vía crucis. Me encanta porque todo eso me ayuda a dar mi vida a los demás. 

    TESTIMONIO DE LUCI
  • En el Cursillo descubrí que Dios me ama, a pesar de todo lo que soy. Ese amor lo he visto reflejado en cada hermano cursillista, en que aún conociendo los defectos de cada uno, es posible que surja la comunión, y no por lo buenos que seamos, sino porque Dios nos ha amado primero y fruto de eso aparece la Misericordia en el mundo. A mí, en el Cursillo, nadie me dijo que no fuera a sufrir nunca más, o que la Iglesia me iba a quitar el sufrimiento; pero si me anunciaron que eso no me iba a matar, que podía ser feliz, que Cristo ha Resucitado y ha vencido todas mis muertes. El Señor se podría haber conformado con haberme llevado al Cursillo, pero como jamás se deja ganar en generosidad, me ha ido dando gracia tras gracia. En esta comunidad conocí a la que es hoy mi mujer, tantos amigos y hermanos en la fe, haberme visto libre de tantas imperfecciones y pecados como arrastraba… Me ha dado la Vida abundantemente. Lo mejor es que todo esto es GRATIS, que es verdad que se nos brinda el poder ser amigos de Dios por puro regalo del Cielo.

    TESTIMONIO DE PEDRO
  • Vaya por delante que por la gracia y misericordia del Señor, hice mi cursillo nº 73, del 2 al 5 de Junio de 1967, en la muy querida entrañable y recordada Casa de Ejercicios REGINA PACIS de Alicante. Justo, en el último cursillo, el 465 al que asistí recientemente y como una bendición de Dios y de la Virgen María, pudimos celebrar, emocionado, los 50 años que ininterrumpidos, milito en el Movimiento de mi Iglesia.
    ¡Qué podría contaros de este largo viaje que os pudiera interesar!: Mi profundo agradecimiento a todos los compañeros que tanto han influido en mi caminar cristiano; Muchos y bonitos recuerdos de los que el Señor se llevó, pero que su testimonio permanece inalterable en mi corazón y siguen informando mi proceder en el MCC; Sacerdotes Consiliarios y colaboradores asiduos; Presidentes, Secretarios, Tesoreros y miembros del Secretariado; hermanos forjados en la Escuela de Dirigentes y por ende, compañeros en tantos y tantos cursillos, y por último, todos los cursillistas que, sin ser más que eso en el Movimiento, me han contagiado el calor y entusiasmo, para seguir en la brecha durante este tiempo y además muy ilusionado. Os aseguro que os tengo muy presentes. Omito nombres por cuestión de brevedad.
    Dado que el MCC, en el año 1967 tenía poco más de una década, pudimos conocer en Alicante a varios de los fundadores: Eduardo Bonín, Sebastián Gayá y al Obispo, entonces de Ciudad Real D. Juan Hervás, quien venía a Biar (muy cerca de Onil) en la época veraniega, e íbamos a visitarle y recibir sus consejos. Para un cursillista novato como yo entonces, era un sueño, lo máximo.
    Un breve y bonito recuerdo de las Ultreyas y viajes con el Movimiento: Zaragoza, Fátima, Sevilla, Roma, etc. que siempre produjeron tan buenos alimentos espirituales, que enriquecieron nuestro peregrinar cristiano, produciendo en nosotros los frutos de la perseverancia.
    En el orden personal deseo manifestaros que, en el ordenamiento general, yo tuve una madurez tardía; metía la pata con frecuencia, pero aun así, siempre me ha presidido: La formalidad, la alegría, el trabajo, compromiso cristiano, sentido de la responsabilidad, fidelidad a la Iglesia Católica y a mi Parroquia y dentro de ella, en el servicio a los más pobres y necesitados. No siempre he conseguido acertar en aquello que pretendía, ni siquiera que haya sabido transmitir mis verdaderas, buenas y honestas intenciones, pero estoy seguro que el Señor que me conoce, con su Misericordia hará el resto. Hace ya bastantes años que lo puse como centro en mi vida y con todas las dificultades y problemas que mantengo, pero con su ayuda de Fe y Esperanza, considero que soy muy feliz.

    Os quiero. Un abrazo y ¡¡DE COLORES!!

    Germán Sempere Navarro

    TESTIMONIO DE GERMÁN
  • Me llamo Pascual, tengo ahora 49 años, soltero y natural de Monforte del Cid (Alicante). Hice mi cursillo en el mes de Abril del 27 al 29 de 2012 (nº 445) en la Casa de Ejercicios de Diego Hernández.
    El hacer el Cursillo supuso un momento de meditación en mi vida, pues estaba alejado del Señor, y para saber o intentar al menos el buscar “ciertas” respuestas a mis preguntas, ya que mi vida no era del todo buena, que digamos. Esas respuestas las encontré en el Cursillo, y a día de hoy me siguen guiando en mi día a día y rezando para que el Señor escuche e interceda en la manera que le sea posible a todas mis peticiones.
    Fueron días muy intensos, pero cortos, en los que me encontré con el Señor, y sin duda se que Él me llamó para ese Cursillo y desde luego no dudé en ningún momento en rechazarlo. De eso estoy seguro, durante los días que duró el Cursillo, lo que me hizo pensar más profundamente en que tenía que cambiar del modo de pensar, actuar y ser más HUMILDE en esta vida y sobretodo no abandonar al Señor.
    A pesar de mi corta experiencia como cursillista y mi falta de tiempo debido a mi trabajo, en mi cuarto día, rezo todos los días y eso me ayuda bastante, de manera espiritual. Es bueno rezar para sentir al Señor y sobre todo el poder tener un ratito de meditación con Él.
    Es una bendición de Dios haber hecho este Cursillo, haber encontrado a tanta gente maravillosa en este camino hacia el Señor.
    Doy gracias a todo aquel que me ha apoyado en todo esto: a Andrés Brito, y a Jose Ángel mi compañero de habitación y amigo.

    Pascual Sirvent

    TESTIMONIO DE PASCUAL
  • Hice mi Cursillo de Cristiandad durante el primer fin de semana de noviembre de 1985. Aunque han pasado tres décadas desde entonces, recuerdo vivamente la alegría desbordante que experimenté durante la Eucaristía de aquel sábado por la tarde, justo después de confesarme: cuando iba por el
    pasillo a recibir a Jesús Sacramentado, lloraba de alegría y sentía dentro de mis huesos el “fuego ardiente” del que habla el profeta Jeremías porque me sabía perdonado por Dios y muy amado por Él. Fueron tres días que cambiaron mi vida para siempre. Aún conservo incluso las libretitas que utilicé, la Biblia que me regalaron y las palabras cariñosas que me dedicaron mis compañeros cursillistas.Por aquel entonces, yo era un joven estudiante de informática. Decidí, al salir del Cursillo, estudiar teología, trazar un plan de vida espiritual serio e integrarme en una parroquia para ayudar a los necesitados del barrio siguiendo la pauta del trípode: piedad, estudio y acción. Tenía claro que, si no cuidaba de mi Cuarto Día, aquello iba a ser como la semilla de la parábola que cae entre abrojos, y tan maravillosa vivencia acabaría convertida en un fuego artificial que, a pesar de ser espectacular, se acaba apagando porque no perdura. Por suerte, el Grupo de Amistad y la dirección espiritual me sirvieron para que el regalo recibido echara raíces en mi corazón y diera mucho fruto. Me convertí en apóstol de mi metro cuadrado: después de mí, pasó por el Cursillo toda mi familia y, poco a poco, fui llevando también hasta el Señor a la práctica totalidad de mis amigos de entonces. Dado que mi deuda con el Movimiento no podré saldarla jamás se me ocurrió que, al menos, podía dar a otros lo que yo había recibido, y por eso pedí mi admisión en la Escuela de Cursillos como monitor, labor que desarrollé durante casi veinte inolvidables años.Al comprender que Dios me había concedido el don de la comunicación, simultáneamente impartí clases de religión durante esos veinte años, y pasaron por mis pupitres casi 4.000 adolescentes, con muchos de los cuales aún mantengo contacto. Después, estudié periodismo y, desde entonces, me he dedicado a dar conferencias sobre el Señor y Su Madre. Dios es tan bueno que quiere hacer pasar como mérito nuestro lo que es don Suyo, ya que trato de hacerlo todo para Su gloria, encomendándome a la Virgen y a los santos de mi devoción. Todo me parece poco para conseguir que el mundo entero se abrase de amor por Cristo.
    Doy gracias a Dios con todas mis fuerzas por haberme creado, redimido, hecho cristiano por el bautismo y militante apostólico a través del Cursillo de Cristiandad, experiencia que te animo a que tengas, querido lector, si aún no le has dado a Cristo la oportunidad de decirte cuánto te ama a través de este medio. La evangelización ha adquirido muchas formas a lo largo de los siglos, y estoy convencido de que Cursillos de Cristiandad es un eficacísimo
    instrumento del Espíritu Santo para que las personas de nuestros días, tan necesitadas de una Palabra Eterna, reciban el anuncio gozoso de que Cristo vive, y de que Su amor es el mismo ayer, hoy y siempre.

    Andrés Brito

    TESTIMONIO DE ANDRES
  • Soy Elvira, tengo 47 años y hace 9 que tuve mi encuentro con el Señor. Desde ese día he confiado en él, he aprendido a presentarle mis proyectos, mis preocupaciones y confiar en que como salgan las cosas, es por mi bien.
    He aprendido a conversar con él por medio de la oración, a pedirle protección a su Santa Madre.
    He aprendido a tomarlo de la mano y luchar todos los días por no soltarme.
    Desde que salimos del cursillo tengo los mismos o más problemas que antes pero mi vida es más tranquila: tengo paz.
    De colores!!!

    Elvira Rocha
  • El Cursillo hizo en mí que me acercara más a Jesús y que me encontrara con Él. En ese momento en que me quedé sola ante su presencia en el Sagrario sentí algo increíble, me dio mucha paz interior, sentí que Cristo estaba en mi corazón y eso me ha hecho seguir creciendo en la fe y mantenerla viva en mi cuarto día. Descubrí que los cristianos somos esas gotas de agua que, todas juntas, formamos el “océano” de la Iglesia. El cursillo fue una experiencia inolvidable que se la recomiendo a todo el que sienta que necesita algo más. Seguro que volverá con las pilas cargadas.

    Gema Gutierrez
  • Volví a nacer de nuevo al encontrarme con Jesús en el cursillo. Inmediatamente me incorporé a la escuela, al grupo y las ultreyas. No concibo mi vida sin la comunidad. Sigo después de 24 años, formándome y cada día doy gracias a Dios por este bendito movimiento. Soy feliz desde que conocí a Cristo; me regala una gran familia, que es la Iglesia.

    Manoli Gigante

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